sábado, 6 de diciembre de 2008

Discurso de promulgación de la Constitución Española

Este es el discurso de promulgación que Su Majestad el Rey. pronunció con motivo de la aprobación y puesta in vigor de la Constitución Española de 1978. Las palabras del Rey son elocuentes, sin embargo, en la actualidad la Carta Magna no es respetada por los políticos.

Discurso de promulgación
Pronunciado por S. M. el Rey Don Juan Carlos I, ante las Cortes, el 27 de Diciembre de 1978

Señoras y señores Diputados, Señoras y señores Senadores:

Como expresión de los momentos históricos que estamos viviendo, y cuando acabo de sancionar, como Rey de España, la Constitución aprobada por las Cortes y ratificada por el pueblo español, quiero que mis palabras, breves y sencillas, sean ante todo de agradecimiento hacia los miembros y grupos de estas Cámaras que han elaborado la norma fundamental por la que ha de regirse nuestra convivencia democrática.

Y para proyectar hacia el futuro este sentimiento de gratitud por la labor realizada, formulo mi más sincero deseo de que todas las fuerzas políticas vean cumplidas cuantas esperanzas han depositado en el texto constitucional, a la vez que confío en su buena volutad para aceptar y ejercer la responsabilidad que en su aplicación les corresponde.

Mi saludo, también, al Gobierno de la Nación, a la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo, a la Junta de Jefes de Estado Mayor, a las representaciones de los Altos Organismos e Instituciones del Estado, así como a las religiosas y del Cuerpo Diplomático que hoy se encuentran aquí.

En todos ellos quisiera significar el reconocimiento hacia las distintas Instituciones que, de una u otra forma, han contribuido a esta empresa colectiva que ahora culmina, y concretar el mensaje de paz y solidaridad de los españoles hacia las demás naciones de la Tierra.

Y gracias, por fin al pueblo español, verdadero artífice de la realidad patria, representado por las distintas fuerzas parlamentarias, y que ha manifestado en el referéndum su voluntad de apoyo a una Constitución que a todos debe regirnos y todos debemos acatar.

Con ella se recoge la aspiración de la Corona, de que la voluntad de nuestro pueblo quedara rotundamente expresada. Y, en consecuencia, al ser una Constitución de todos y para todos, es también la Constitución del Rey de todos los españoles.

Si ya en el mismo instante de ser proclamado como Rey señalé mi propósito de considerarme el primero de los españoles a la hora de lograr un futuro basado en una efectiva concordia nacional, hoy no puedo dejar de hacer patente mi satisfacción al comprobar como todos han sabido armonizar sus respectivos proyectos para que se hiciera posible el entendimiento básico entre los principales sectores políticos del país.

Pienso que este hecho constituye el mejor aval para que España inicie un nuevo período de grandeza.

, como Rey de España y símbolo de la unidad y permanencia del Estado, al sancionar la Constitución y mandar a todos que la cumplan, expreso ante el pueblo español, titular de la soberanía nacional, mi decidida voluntad de acatarla y servirla.

Importante es el paso que acabamos de dar en la evolución política que entre todos estamos llevando a cabo. Importante es la aprobación de una Ley básica como la que hoy he sancionado y que constituye el marco jurídico de nuestra vida común; pero pensemos que la ruta que nos aguarda no será cómoda ni fácil, y que, al recoger el fruto de la etapa que se cierra, debemos abrigar también la ilusión de no desfallecer en nuestro empeño, el propósito de no ceder terreno al desánimo y la seguridad de mantener el pulso necesario para sortear escollos y dificultades.

Si hemos acertado en lo principal y lo decisivo, no debemos consentir que diferencias de matiz o inconvenientes momentáneos debiliten nuestra firme confianza en España y en la capacidad de los españoles de profundizar en los surcos de la libertad y recoger una abundante cosecha de justicia y de bienestar.

Porque si los españoles sin excepción sabemos sacrificar lo que sea preciso de nuestras opiniones para armonizarlas con las de otros; si acertamos a combinar el ejercicio de nuestros derechos con los derechos que a los demás corresponde ejercer; si postergamos nuestros egoísmos y personalismos a la consecución del bien común, conseguiremos desterrar para siempre las divergencias irreconciliables, el rencor, el odio y la violencia, y lograremos una España unida en sus deseos de paz y de armonía.

De  con estos propósitos, la Monarquía, que como Institución integradora debe estar por encima de discrepancias circunstanciales y de accesorias diferencias, procurará en todo momento evitarlas o conjugarlas para extraer el principio común y supremo que a todos debe impulsarnos: lograr el bien de España.

Los pueblos de España tienen planteadas grandes demandas en el orden del reconocimiento de sus propias peculiaridades, del trabajo, de la vida familiar, de la cultura y la igualdad efectiva de las oportunidades en el ejercicio cotidiano de la libertad.

A todo ello hemos de consagrar nuestros esfuerzos en el tiempo que se avecina.

Íntimamente identificados con el pueblo, siempre cerca de él, en contacto directo con sus preocupaciones y urgencias, podremos garantizar para el futuro el orden social justo a que todos aspiramos.

Al reiterar a todos mi agradecimiento y mi satisfacción, quiero terminar expresando el orgullo que siento por estar al frente de los españoles en estos tiempos decisivos en que nuestras miradas deben dirigirse al porvenir con fe, con optimismo, con decisión y valentía, con la más ilusionada de las esperanzas.

El día de mi proclamación tuve ocasión de decir que el "Rey es el primer español obligado a cumplir con su deber".

Por eso repito ahora que todo mi tiempo y todas las acciones de mi voluntad estarán dirigidas a este honroso deber que es el servicio de mi Patria.

martes, 23 de septiembre de 2008

In Memoriam: S.A.I. el Gran Duque Vladimir de Rusia

El 21 de abril de 1992, dos días antes de celebrarse la festividad de San Jorge, Patrón de la Santa Rusia, falleció repentinamente en Miamo (EE.UU.), mientras daba una conferencia de prensa, S.A.I. el Gran Duque Vladimir de Rusia, quien durante 54 años, desde el fallecimiento de su padre el Gran Duque Cirilo el 13 de octubre de 1938 en el hospital norteamericano de Neuilly, había ostentado con gran dignidad la Jefatura de la Casa Imperial rusa.

El cuerpo sin vida del Gran Duque, primo en 6º grado de S.A.R. Don Juan Conde de Barcelona, dado que las madres de ambos eran primas hermanas, fue trasladado a París, donde permaneció en la iglesia ortodoxa de la capital francesa hasta su traslado definitivo el día 29 a San Petersburgo, la antigua capital imperial de Rusia, que había visitado por ves primera en noviembre de 1991, durante las fiestas organizadas con motivo de la restauración del nombre original de la ciudad que durante el regimen comunista había sido denominada Leningrado.

La multitudinaria ceremonia religiosa celebrada en la catedral de San Isaac fue oficiada por el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa S.S. Alexis II y presidida por S.A.I. la Gran Duquesa María y el nuevo Zarevich Jorge.

La Familia Imperial contó con la presencia de cientos de aristócratas rusos exiliados a raíz de la revolución, a los que se unieron representantes de la Iglesia, la cultura y, lo más importante, miles de ciudadanos, según los cálculos oficiales de la alcaldía de San Petersburgo.

El féretro del Gran Duque Vladimir fue cubierto con la bandera tricolor zarista, que es la oficial en este momento en Rusia, a la que se añadió bordada el águila bicéfala, símbolo del imperio y de la dinastía.

Tras la ceremonia fúnebre, que duró cuatro horas, los restos de Vladimir Romanov fueron trasladados en un cortejo fúnebre que recorrió las principales calles de la antigua capital imperial, a la iglesia de San Nicolás, en cuya cripta permaneció cuarenta días hasta su inhumacioón en la Fortaleza de Pedro y Pablo, aunque las autoridades de San Petersburgo no autorizaron el enterramiento del último de los Romanov junto a la tumba de los antiguos zares por no haber sido coronado.


Hallados los restos restos de los últimos Zares y sus hijos en Ekaterimburgo

Según una información publicada el día 10 de mayo de 1992 en el rotativo inglés THE SUNDAY TIMES, los restos mortales del Zar Nicolás II y de su familia fueron localizados en un bosque cercano a la localidad de Ekaterimburgo, ciudad en la que fueron asesinados.

Las pruebas forenses indicaban que los siete cadáveres localizados por un grupo de arqueólogos rusos correspondían al Zar Nicolás, a su esposa y a sus cinco hijos. Las excavaciones comenzaron el año anterior y fueron ordenadas por el entonces Presidente Yeltsin, el mismo que, ironías del destino, ordenó en 1977 la destrucción de la casa del ingeniero Ipatiev, que serviría de prisión a la Familia Imperial desde el 2 de mayo de 1918 y en la que fue masacrada, convirtiéndose en centro de peregrinaje.

El descubrimiento de los cadáveres viene a confirmar las conclusiones elaboradas por el Juez de Instrucción Nicolás Sokolov, quien en 1919 había reconstruido los hechos acaecidos en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918, fecha en la que la totalidad de la Familia Imperial fue asesinada por los chekistas de Yorovski, "puesto que la revolución va a perecer", decía el papel que Yurovski les leyó antes de dispararles a quemarropa, "vosotros perecereis con ella".

Con las pruebas y conclusiones aportadas en aquel momento, se despejó uno de los episodios más sangrientos e inútiles de la historia rusa. El que las autoridades soviéticas negaran la evidencia y nunca se reconociera públicamente el asesinato de la Familia Imperial, dio pábulo a que se especulara sobre la salvación de la Gran Duquesa Anastasia, cuya identidad fue reclamada insistentemente por Ana Anderson, pretensión que un tribunal de Hamburgo no reconoció y que se demostró entonces completamente falsa, si es que alguien aún la creía cierta. De igual manera que Alex Brimeyer, alias Alexis de Anjou Bourbon-Condé Romanov-Dolgoruky, se hacía pasa por el bisnieto del último Zar al pretender descender de la Gran Duquesa María. De las andanzas de este impostor ya dimos cumplida cuenta en sendos artículos.

Tres cuartos de siglo son muchos años. Nada de lo ocurrido puede ser modificado. Pero reconocer los errores del pasado puede ser una garantía de no cometerlos en el futuro. Nicolás II, último Zar de todas las Rusias, canonizado por la Iglesia Ortodoxa, debe de descansar en el lugar que le corresponde, en el panteón de los Romanov, en la Fortaleza de Pedro y Pablo, junto con su familia.

Publicado en Monarquía Europea Nº 4 - Año II - Abril-Junio 1992

sábado, 20 de septiembre de 2008

Alfonso XII: "La Pragmática de Carlos III cintinúa vigente"

por Francesc Xavier Montesa

En la primavera de 1992 apareció en una revista de información general un monográfico titulado: "Estos son los enemigos de Isabel Sartorius. Conjuro de nobles contra Isabel." En él aparecían las fotografías de diversos especialistas en temas genealógicos y en derecho dinástico, como Armand de Fluviá, Juan Balansó, el Marqués de la Floresta, Fernando García-Mercadal, el Marqués de Benavent, etc. El bárbaro delito cometido por todos ellos fue única y exclusivamente manifestar su convicción más profunda de la vigencia de la Pragmática de Carlos III. Sobre dicha Pragmática ya di cuenta en su momento (Nº 1 + 2 de Monarquía Europea, aquí en Papeles para la Acción Monárquica).

En la polémica incluso participaron expertos en Derecho Constitucional que defienden la tesis de que la Pragmática ha sido derogada de facto por la Constitución Española de 1978. Humildemente consideramos que quienes así opi9nan no se han dignado a estuidiar el contenido de la Pragmática. La Constitución vigente, en su Capítulo II dedicado a la Corona, no hace más que repetir el Título VII de la anterior Constitución de la Monarquía Española de 1876, vigente en España hasta la proclamación de la segunda república en 1931, y que la Familia Real cumplió escrupulosamente en sus largos años de exilio. La disposición derogatoria tercera de nuestra Constitución declara que quedan derogadas cuantas disposiciones se opongan a los estbalecido en la Carta Magna. Insistimos en el hecho que ninguna de nuestras constituciones desde la primera de 1812 se han referido para nada al contenido de la Pragmática de Matrimonios, y eso no ha invalidado el hecho de que diferentes monarcas españoles reconocieran expresamente su vigencia, a saber: La Real Orden de Alfonso XII de 16 de mayo de 1875, que expresa claramente que "Su Majestad, de acuerdo con el Consejo de Ministros, se ha dignado declarar que la referida Pragmática continúa vigente." Confirmada posteriormente por otra Real Orden, esta vez de su hijo Don Alfonso XIII, quien el 14 de abril de 1915 declaró que "subsistía en su pleno vigor".

Desgraciadamente, y muy a nuestro pesar, la claridad, que en temas dinásticos debería primar, se vio oscurecida por la polémica en la que intervienen periodistas y personajes totalmente desconocedores de las normas que han regido a nuestra Familia Real a lo largo de los siglos y que son análogas a otras que privan en Monarquías de nuestro entorno europeo. Cada Familia Real está obligada por unas normas que son regla de inexcusable cumplimiento: En el Imperio del Japón y en el pequeño Principado de Liechtenstein perdura la Ley Sálica, por la que las mujeres no pueden reinar. En países tan avanzados y tolerantes como Dinamarca o Noruega, los Reyes deben de profesar la religión luterana, al mismo tiempo que en la Monarquía británica el derecho a la Corona proviene de reglas de descendencia en parte consuetudinarias y en parte estatutarias. Sólo tienen derecho de sucesión los descendientes protestantes en línea directa de Sofía Princesa Electora de Hanóver, nieta de Jaime I de Inglaterra y IV de Escocia. Si un príncipe decidiera contraer matrimonio con una católica, tendría que renunciar a su derecho al trono. No cabe, pues, comparar las normas de nuestra Real Familia con las de otras Familias Reales, reinantes o no, porque cada una de ellas tiene normas tradicionales impuestas por la historia, las circunstancias y la costumbre.

Si en nuestro país se considerase conveniente la derogación de la Pragmática de Matrimonios, es decir la Ley IX Título II Libro X de la Novísima Recopilación, debería hacerse de forma clara y expresa y nunca con carácter retroactivo, pues modificaría de forma rotunda el Orden de Sucesión a la Corona, lo que no nos parece ni justo ni prudente.

Post Data:
Esta derogación no ha tenido lugar, pero de hecho los matrimonios celebrados tanto por S.A.R. el Príncipe Don Felipe como por la Infanta Doña Cristina no se ajustan a la Pragmática de Carlos III, mientras que él de la Infanta Doña Elena se encuadraría en ella por ser Jaime de Marichalar de familia de alta nobleza, aunque esa nobleza sea sólo la del título y no del comportamiento. La práctica actual en casi todas las Casas Reales es la de aplicar la igualdad consagrada en las constituciones, por lo tanto no se hace diferencia entre sangre real y sangre plebeya. Un matrimonio con Isabel Sartorius habría sido más ajustado a la Pragmática, pues ella es de familia noble, aunque no de sangre real. En cualquier caso, el tema queda para la historia y el estudio. La redacción.

sábado, 13 de septiembre de 2008

La Pragmática de Carlos III y el Orden de Sucesión a la Corona

por Francesc Xavier Montesa y Manzano

Nota de la redacción: Este artículo es de 1991, de modo que algunos aspectos comentados han variado sustancialmente. El asunto de la sucesión a la Corona es tema de debate frecuente por considerar que el principio hereditario de la prevalencia del hijo varón primogénito de los Reyes sobre sus hermanas debe quedar suprimido para el futuro por la idea de la igualdad entre los géneros. En España esta cuestión tendría que ser regulada mediante una reforma de la Constitución de 1978, pero en caso de nacer un hijo varón del matrimonio de S.A.R. Don Felipe Príncipe de Asturias con la plebeya doña Letizia con anterioridad a tal cambio constitucional, éste sería el heredero a la Corona por delante de sus hermanas Doña Eleonora y Doña Sofía.

En el Orden de Sucesión referido más abajo se incluyen ahora los hijos de los Príncipes de Asturias y de las Infantas Doña Elena y Doña Cristina. Las demás variaciones en el Orden de Sucesión no quedan reflejadas en este momento. La nomenclatura utilizada en esta relación se mantiene por ahora, asignándoles a los nietos de los actuales Reyes de España letras en lugar de números.


Con motivo del matrimonio del Infante Don Luis, hermano de Carlos III, con doña Teresa de Vallábriga, de noble familia, pero no de sangre real, el Rey Ilustrado sancionó el 23 de marzo de 1776 una Real Pragmática, que fue incluida como Ley IX Título II Libro X en la Novísima Recopilación. Esta disposición recogía un uso ya tradicional en la Casa Real de España por lo que hace referencia a los matrimonios reales. Se priva de los derechos dinásticos y otros honores a las personas regias que se casen desigualmente.

Diferentes normas generales han confirmado posteriormente a lo largo de la Monarquía Constitucional su vigor. La Real Orden de 16 de marzo de 1875 señalaba que "Su Majestad, de acuerdo con el Consejo de Ministros, se ha dignado declarar que la referida Pragmática está vigente".

En el siglo XX, antes y después de la Segunda República, la Familia Real había respetado escrupulsoamente este principio como regla de inexcusable cumplimiento.

El deseo de contraer matrimonio fuera del círculo de las Casas Reales fue motivo suficiente para el que Príncipe de Asturias Don Alfonso, primogénito de SS.MM. los Reyes Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia, renunciara a sus derechos dinásticos, por sí y sus descendientes, el once de junio de 1933.

Alguien podrá decir que la Constitución Española de 1978 no hace ninguna referencia a la Pragmática de Matrimonios de Carlos III. En su capítulo II artículo 57.4 dice textualmente que "aquellas personas que, teniendo derecho a la sucesión al trono, contrajesen matrimonio contra la expresa prohibición del Rey u de las Cortes Generales, quedarán excluidas de la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes". Pero la Constitución -se ha de reconocer- es sólo un texto programático que tiene como objetivo establecer las reglas generales del funcionamiento político de una comunidad. La anterior Constitución de la Monarquía Española de 30 de junio de 1876 tampoco hacía ninguna mención a dicha Pragmática, sino que regulaba el matrimonio de los príncipes de una forma prácticamente idéntica a lo promulgado por la Constitución actual de 1978.

La vigencia de la Pragmática de Carlos III es, a mi parecer, una herramienta útil para hacer una ordenación racional de la Familia Real española en función de los derechos de sus miembros a ocupar un lugar en la línea de sucesión a la Corona. Es decir, separando claramente los miembros dinastas de la Familia Real del resto de parientes del soberano. x Si hacemos un estudio de las Familias Reales europeas, que se encuentran en el ejercicio de sus prerrogativas dinásticas, en el último cuarto del Siglo XX, podremos observar que la totalidad de ellas, a excepción de la española, han contraído matrimonios desiguales. A parte de España, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Noruega, Dinamarca, Luxemburgo y Gran Bretaña son un claro exponente de esta tendencia.

En el siglo XXI, con toda seguridad, ningún soberano reinante, a excepción de Liechtenstein, descenderá por ambas líneas, la paterna y la materna, de miembros de Casas Reales. Esta situación impensable años atrás no parece que pueda ocasionar graves problemas a la institución monárquica.


Considero que la referida Pragmática está vigente, pues que se sepa no ha sido derogada de modo expreso. Si se considerase conveniente y necesaria su derogación, debería de hacerse de manera clara y expresa, y de ninguna manera con carácter retroactivo, pues de lo contrario el Orden de Sucesión a la Corona de España cambiaría de forma radical, lo que no parece ni bueno ni prudente.

De acuerdo con las leyes tradicionales de la Casa Real de España, el orden de sucesión a la Corona queda establecido de la siguiente manera [Obsérvese que esta relación es de 1991 y ha variado bastante por los matrimonios de los hijos de SS.MM. los Reyes de España en años posteriores]:

ORDEN DE SUCESIÓN A LA CORONA

1. S.A.R. Don Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias, Gerona y Viana, Duque de Montblanc, Conde de Cervera y Señor de Balaguer, nacido el 30 de enero de 1968, hijo de SS.MM. los Reyes Don Juan Carlos I y Doña Sofía.

1.a) S.A.R. Doña Leonor, nacida en 2005.
1.b) S.A.R. Doña Sofía, nacida en 2007.

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2. S.A.R. la Infanta Doña Elena, hermana del anterior, nacida el 20 de diciembre de 1963. Casada con don Jaime de Marichalar, actualmente separada y en vías de divorcio.

2.a) S.A.R. Don Felipe, nacido en 1998.
2.b) S.A.R. Doña Victoria, nacida en 2000.

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3. S.A.R. la Infanta Doña Cristina, nacida el 13 de junio de 1965, hermana de los anteriores, casada con don Iñaki Urdangarín.

3.a) S.A.R. Don Juan, nacido en 1999
3.b) S.A.R. Don Pablo, nacido en 2000.
3.c) S.A.R. Don Miguel, nacido en 2002.
3.d) S.A.R. Doña Irene, nacida en 2005.


4. S.A.R. Don Carlos Príncipe de las Dos Sicilias, Jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias, Duque de Calabria, nacido en Lausana el 16 de enero de 1938, casado en 1965 con S.A.R. la Princesa Doña Ana de Francia. A falta de los que preceden, heredaría el trono como nieto de la Infanta Doña María de las Mercedes, que fue Princesa de Asturias y hermana de Don Alfonson XIII.


5. S.A.R. el Príncipe Don Pedro de las Dos Sicilias. Duque de Noto, hijo del anterior, nacido el 16 de octubre de 1968.


6. S.A.R. la Princesa Doña Cristina de las Dos Sicilias, nacida el 19 de marzo de 1966, hermana del anterior.


7. S.A.R. la Princesa Doña María Paloma de las Dos Sicilias, nacida el 5 de abril de 1967, hermana de los anteriores.

8. S.A.R. la Princesa Doña Inés de las Dos Sicilias, nacida el 20 de abril de 1971, hermana de los anteriores.


9. S.A.R. la Princesa Doña Victoria de las Dos Sicilias, nacida en 1976, hermana de la anterior.

10. S.A.R. la Princesa Doña Margarita de Saboya-Aosta, Duquesa de Módena, Archiduquesa de Austria-Este, Princesa Real de Hungría y Bohemia. Heredaría la Corona de España a falta de los que preceden en esta relación como tataranieta de S.A.R. la Infanta Doña Luisa Fernanda, segunda hija de S.M. el Rey Don Fernando VII y de la Princesa María Cristina de las Dos Sicilias. Casada en 1953 con S.A.I.R. el Archiduque Don Roberto I de Austria-Este, Duque de Módena.


11. S.A.I.R. el Archiduque Don Lorenzo de Austria-Este, hijo de la anterior, nacido el 16 de diciembre de 1955, casado en 1984 con S.A.R. la Princesa Doña Astrid de Bélgica.


12. S.A.I.R. el Archiduque Don Amadeo de Austria-Este, hijo del anterior, nacido en 1986.


13. S.A.I.R. la Archiduquesa Doña María Luisa de Austria-Este, hermana del anterior, nacida en 1988.


14. S.A.I.R. el Archiduque Don gerardo de Austria-Este, hijo de S.A.I.R. el Archiduque Don Roberto I, Duque de Módena y Reggio, y de la Princesa Doña Margarita de Saboya-Aosta, nacido el 30 de octubre de 1957.


15. S.A.I.R. el Archiduque Don Martín de Austria-Este, hermano del anterior, nacido en 1959.


16. S.A.I.R. la Archiduquesa Doña Isabel de Austria-Este, nacida en 1963.


17. S.A.R. la Princesa Doña María Cristina de Saboya-Aosta (hermana de la Princesa Doña Margarita, Duquesa de Módena), nacida el 12 de septiembre de 1933, casada en 1967 con el Príncipe Don Casimiro de las Dos Sicilias.

18. S.A.R. el Príncipe Don Luis de las Dos Sicilias, hijo de la anterior, nacido en 1970.


19. S.A.R. el Príncipe Don Alejandro de las Dos Sicilias, hermano del anterior, nacido en 1974.


20. S.A.R. la Princesa Doña Ana de las Dos Sicilias, nacida en 1971, hertmana de los anteriores.

21. S.A.R. la Princesa Doña Elena de las Dos Sicilias, nacida en 1973, hertmana de los anteriores.

22. S.A.R. el Príncipe Don Amadeo de Saboya-Aosta, Duque de Aosta, Príncipe de la Cisterna, Príncipe de Belriguardo, Marqués de Voguera y Conde de Ponderano, nacido el 27 de septiembre de 1943, casado en 1964 con S.A.R. la Princesa Doña Claudia de Francia, matrimonio anulado en 1987. Se da la circunstancia que el 5º Duque de Aosta es bisnieto del que fuera Rey de España, Don Amadeo I (1870-1873).


23. S.A.R. el Príncipe Don Aymón de Saboya-Aosta, Duque de Apulia, nacido en 1967, hijo del anterior.


24. S.A.R. la Princesa Doña Mafalda de Saboya-Aosta, hermana del anterior, nacida en 1969.

25. S.A.R. Monseñor Don Enrique de Francia, Conde de París, Jefe de la Casa Real de Francia.

Publicado en Monarquía Europea Nº 1 Año I - Julio/Agosto 1991 + Nº 2 - Año I - Septiembre/Noviembre 1991.

martes, 9 de septiembre de 2008

Estonia: Partido Monárquico

EN 1992, EL PARTIDO MONARQUICO DE ESTONIA
FORMÓ GRUPO EN EL PARLAMENTO DE TALLINN

En 1989 se fundó en Tartu el Partido Monárquico de Estonia (PME). Tartu es una ciudad famosa especialmente por su Universidad, que fue creada por el Rey Gustavo II Adolfo de Suecia, en 1632.

El PME tenía por objeto la continuidad, justicia y seguridad y contaba con militantes en toda Estonia. En las elecciones parlamentarias celebradas en Septiembre de 1992 obtuvo 8 de 101 escaños.

El PME publicaba de forma irregular el boletín "Vía Regia" y cada mes contaba con una página en el periódico de la región de Rapla. Se proyectaba la reedición de la revista monárquica "El Monárquico" (Kuningriiklane) fundado en 1932.

La actividad parlamentaria del partido era muy intensa, aunque la mayoría del momento rechazaba la mayoría de las enmiendas presentadas. Fuera del parlamento se trabajaba en la restauración del Castillo de Pöltsamaa y se crearon los primeros grupos de jóvenes. El 11 de junio de 1993 se celebró en el Salón Blanco del Museo Histórico de la Universidad de Tartu un ciclo de conferencias sobre "Los Reinos en las costas del Mar Báltico: Historia y Sueños". Los temas tratados fueron: La idea de un "Reino Unido Finlandés-Estoniano" de 1918, los planes de crear un Ducado Báltico, las relaciones entre la Monarquía sueca y Estonia y las visitas regias a Estonia en 1929 y 1932, así como las actividades en aquel momento de los monárquicos estonianos. También se habló sobre los monárquicos en otros países y se expusieron sus publicaciones. El señor Eero Medijainen presentó una idea interesante: Cuando de proclamó la República de Estonia, en 1918, el comité de tres miembros se había ya excedido al establecer la Estonia independiente proclamando la república sin consultar la opinión del pueblo sobre el sistema de gobierno.

El PME era consciente de que en aquellos momentos no se estaba en condiciones ni se tenía la autoridad para proclamar la Monarquía. Preguntar al Príncipe real de Suecia si quiere convertirse en Rey de Estonia sólo habría sido posible si la nación hubiera adoptado la idea y el parlamento, formado sobre la base de elecciones libres, hubiera tomado la decisión. De todas maneras, en la situación de depresión e inestabilidad en Estonia en 1992 las instituciones republicanas se desgastan por sí solas, y la idea de una Monarquía constitucional gana cada vez más adeptos.

Sólo se disponía de escasas informaciones, por lo que se necesitaban establecer contactos con monárquicos en otros países.

Con interés se había seguido la evolución de las Monarquías en los vecinos países escandinavos. Los lazos con Suecia datan del período de 1561 a 1710, cuando Estonia pertenecía al Reino de Suecia. Durante aquel período, se vió favorecido el desarrollo económico y cultural, y la tradición nacional estoniana lo llama "los buenos viejos tiempos suecos". También los Reyes daneses gobernaron en alguna parte de Estonia entre los siglos XII a XVII y dejaron su sello particular en la Historia de Estonia (el nombre de la capital de Estonia, Tallinn, se dice que proviene de "Ciudad danesa"). Los Reyes de Suecia Carlos XVI Gustavo y Silvia, así como la Reina Margarita de Dinamarca ya habían realizado visitas a la nueva e independiente Estonia.

Las relaciones con los monárquicos rusos eran más delicadas. Igual que ellos, se defiende la idea de una Monarquía constitucional. Pero el 75% de los estonianos siente una gran alergia contra la dominación rusa, dando igual de qué forma. Las ideas de una restauración del Imperio ruso sólo son aceptables para los estonianos si el Imperio no comprende los países bálticos, Finlandia y Polonia.

En 1992, en las primeras elecciones parlamentarias en Estonia tras la liberación de la URSS, se presentó un partido liderado por un artista y humorista que plantearon la posibilidad de la vuelta a la Monarquía como alternativa tras la dominación soviética. Este partido alcanzó un resultado sorprendente: 8 escaños, con casi el 8% de los votos. Pero en las elecciones posteriores se vio que la poca consistencia de la idea monárquica entre sus dirigentes y las propuestas un tanto estrambóticas no pudieron convencer al electorado estonio. No obstante, la iniciativa parecía interesante y la actividad del partido tuvo un cierto eco provocando estudios serios sobre la materia, pues el partido ofreció el trono estonio tanto al Príncipe de Suecia como al Príncipe Harry de Inglaterra. No tenemos conocimiento de qué ha sido del partido y la gente que lo apoyó. EVidentemente, la Monarquía no se puede plantear como un partido, tiene que ser una acción mucho más generalizada más allá de los partidos.

domingo, 31 de agosto de 2008

Serbia: La oportunidad desaprovechada de la Monarquía

Estos artículos se publicaron en Monarquía Europea Nº 2 en septiembre de 1991, justo después del cambio político en los países del este de Europa y con anterioridad a la Guerra de Yugoslavia, que fue consecuencia y también origen de la división de los Balcanes en los estados que conocemos hoy: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegóvina, Serbia, Montenegro, Macedonia y ahora también Kosovo.

Esta documentación adquiere cierto interés al presentarnos la situación de entonces, tan diferente y con menos estados que uno se podía imaginar en 1991. Uno de ellos, Eslovenia, forma ahora parte de la Unión Europea, y tanto éste como Montenegro usan el Euro como moneda nacional. En Serbia hace años ya no gobierna Milósevich, que fue juzgado por el Tribunal Internacional de La Haya y falleció posteriormente. Su desaparición hizo posible que el Príncipe Heredero de Serbia pudiese volver a su país y recuperar la propiedad del Palacio Real que habitaban sus ancestros.

Aunque la situación de lo que había sido Yugoslavia ha cambiado sustancialmente, no ha cambiado el papel que puede jugar S.A.R. el Príncipe Heredero de Serbia Don Alejandro en la nueva Serbia, donde se plantean seriamente una vuelta a la Monarquía al ver en esta institución la única posibilidad de preservar la identidad nacional y la cohesión entre las regiones que aún forman Serbia.

El artículo que en 1991 nos escribió nuestro gran amigo el Duque de Saint-Bar es un excelente resumen de lo que eran Serbia y Yogoslavia hasta 1990 y lo que podría significar la restauración monárquica en Serbia. Las referencias a Yugoslavia son, lógicamente, históricas, pero perfectamente aplicables también a Serbia. Se actualizaron algunos conceptos como Unión Europea (en lugar de Mercado Común o Comunidad Europea).
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Introducción

En la antigua Yugoslavia, los políticos demostraron nuevamente su incapacidad de resolver los problemas de su país por falta de voluntad de llegar a un consenso aceptable para todos o, al menos, la mayoría.

La única experiencia democrática positiva que experimentó Yugoslavia con anterioridad a 1990 había sido la Monarquía parlamentaria de 1921-1941. Entonces fue posible la pacífica convivencia de los diferentes grupos étnicos, cuyo punto en común era la lengua serbocroata.

Oficialmente, nadie planteó después de 1990 la posibilidad de restaurar la Monarquía, única vía eficaz para restablecer la paz y la unión en este país balcánico. Pero es habitual que los políticos piensen primero en sí mismos y en su afán de protagonismo, sus intereses partidistas y su posición privilegiada. Olvidan que se trata de un bien superior al que servir, el bienestar de su pueblo, el progreso de su país y la solidaridad. Esa será la única explicación por qué no han parado en ceder la jefatura del estado al qie legítimamente la ejercería: S.A.R. el Príncipe Don Alejandro, hijo del último Rey de Yugoslavia, Don Pedro II. No sólo representa una legitimidad histórica desde 836, sino daría coherencia a un país que desde el totalitarismo comunista había sufrido una división étnica nunca habida y una agitación irracional avivada por los sectores comunistas que no querían dejar el poder que ya no les pertenece ni les corresponde.

Yugoslavia necesitaba urgentemente un sistema político estable, justo y con garantías de pacífica convivencia. Yugoslavia necesitaba un poder moderador entre los diferentes grupos de presión, un poder superior completamente independiente de cualquier ideología y que no tiene lazos con el anterior régimen comunista, capaz de encontrar un consenso aceptable para todos.

Parece que sólo existe una persona con la preparación necesaria y que podría moderar entre los grupos étnicos yugoslavos: S.A.R. Don Alejandro, Príncipe Heredero de Serbia.

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Yugoslavia en otoño de 1991
por el Duque de Saint-Bar*
Antiguo Ayuda de Campo de
S.M. el Rey Don Pedro II de Yugoslavia

Yugoslavia era una sola nación. Más del 75% de la población hablaba serbocroata y el 88% se componía de las mismas gentes, es decir, de eslavos del sur. Las minorías representaban sólo el 12% del total de la población. Los yugoslavos se diferenciaban principalmente por su religión: católicos en el norte y ortodoxos en el sur.

Al contrario de Serbia, Eslovenia nunca había sido un estado independiente. Croacia sólo había sido independiente durante un corto período en el siglo XII y nuevamente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler y Mussolini crearon en 1941 el estado marioneta llamado Estado Independiente de Croacia. Uno de los primeros actos fue declarar la guerra a los Estados Unidos y a Gran Bretaña. Su líder, Ante Pavelich, de acuerdo con las estadísticas publicadas por los Tribunales de Nuremberg, masacró a más de 500.000 serbios y 70.000 judíos que vivían en el llamado Estado Independiente de Croacia entre 1941 y 1945. De allí no sorprende que los serbios siguieran vigilantes. Después de todo, Yugoslavia había sido gobernada desde la Segunda Guerra Mundial por un croata, Tito, seguido de un esloveno, Eduardo Karadchich, ninguno de ellos amigos de los serbios. Foto: El Duque de Saint-Bar junto a SS.MM. los Reyes de Yugoslavia, Don Pedro II y Doña Alejandra.

Hasta 1910, sólo 48.000 de los habitantes de Croacia y Eslovenia, entonces bajo dominación austro-húngara, tenían el derecho al voto. Fue después de la caída del Imperio Austro-Húngaro y la fundación del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos en 1918, cuando el número de votantes croatas llegó a 636.000. Durante las primeras elecciones al parlamento yugoslavo en 1921, el Partido Rural Croata obtuvo 50 escaños, mientras que en el parlamento local (Sabor) de Croacia, durante los tiempos del Imperio Austro-Húngaro, sólo disponía de tres diputados.

Por el compromiso que llevó a la creación del Imperio Austro-Húngaro en 1867, los eslavos, aunque constituían la mayoría en número, fueron sacrificados por las dos partes mayoritarias, Croacia cayó bajo la dominación de Hungría, y Eslovenia quedó bajo dominación austríaca. El canciller austríaco Von Beust dejó muy claro su lema cuando decía: "Los eslavos no están preparados para ejercer el poder, deben ser gobernados." El primer ministro húngaro Conde Andrassy aseguró al canciller Von Beust: "Ustedes se ocupan de sus bárbaros, y nosotros nos ocuparemos de los nuestros."

Bajo la Monarquía, tanto el Rey Don Pedro I como su hijo, el Rey Don Alejandro I, promovieron el concepto de la Nación Yugoslava y su unidad. Pedro I dijo en 1918, cuando se creó la nueva nación: "En Yugoslavia, nadie será amo y nadie ser`´a esclavo, pero todos serán iguales." De acuerdo con este postulado, el Rey Don Alejandro I nombró primer Ministro de Asuntos Exteriores del nuevo Reino de Yugoslavia al croata Antic Trumbich.

En 1928, nombró primer ministro al esloveno Antón Korochets. En 1925, la mayor parte de los croatas representados por el Partido Rural Croata reconoció la unidad del estado yugoslavo, la dinastía de los Karageorgevich y el gobierno parlamentario. La coalición de diputados serbocroatas controlaba más de tres cuartas partes de los escaños en el parlamento y contribuyeron enormemente a la consolidación del nuevo estado unificado de Yugoslavia. La Monarquia, inicialmente serbia, luego yugoslava, se transformó en Monarquía constitucional en 1903. Cuando el Rey Don Pedro II presidió su primer gobierno de Belgrado durante la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro fue un croata, y en el gobierno hubo tres ministros croatas y tres eslovenos. Por parte del Rey Don Pedro II había el gran deseo de que todas las regiones estuvieran justamente representados en el gobierno. Foto: S.M. el Rey Don Pedro I, 1903-1918 Rey de Serbia, 1918-1921 Rey de Yugoslavia.

Después de la ocupación del Belgrado por el Ejército Rojo, el dictador comunista de origen croata, Tito, llegó al poder con la ayuda de Stalin y la pasividad de los aliados occidentales. Gobernó el país con mano de hierro y avivó las diferencias entre serbios, croatas y eslovenos en lugar de acentuar sus muchas similitudes, lo que le hizo más fácil mantener su poder opresivo sobre Yugoslavia. Abolió la Monarquía el 29 de noviembre de 1945, sin ningún referéndum.

La postura de Tito era completamente contraria a la del Rey Don Alejandro I y del Rey Don Pedro II. El régimen de Tito confirió a las seis repúblicas una clase de soberanía que agravó la animosidad entre serbios, croatas y eslovenos. Entre las dos guerras mundiales eran los partidos políticos afines que se disputaban democráticamente el poder en el parlamento.

Sería terrible ver una nación como Yugoslavia destruida en el preciso momento cuando en Europa se forma un movimiento hacia la unificación y federación, que deberá asegurar para Europa la paz y la prosperidad. Foto: Palacio Real de Belgrado, actual residencia de la Familia Real de Serbia.

Cada vez más yugoslavos de partidos de la oposición estaban a favor de la vuelta de S.A.R. el Príncipe Heredero Don Alejandro de Yugoslavia, ya que pensaban que sólo él podría facilitar el necesario fundamento para mantener las repúblicas unidas y salvaguardar los derechos de las minorías en una Monarquía constitucional y democrática, y siendo ya 8 de 10 las Monarquías que forman parte de la Unión Europea.

* El Excmo. Sr. Duque de Saint-Bar, Don Thomas Shannon Foran, falleció el 15 de octubre de 2005 en París.

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Declaraciones de S.A.R Don Alejandro de Yugoslavia
(actual Príncipe Heredero de Serbia)

Entrevista realizada por Stéphane Bern para la revista Royaliste, que publicamos aquí por extractos con el fin de reflejar el pensamiento del Príncipe heredero.

Royaliste: ¿Se Os puede llamar propiamente "Rey sin Reino"?

S.A.R. Don Alejandro de Yugoslavia: No me considero Rey, pero sí Príncipe Heredero, con el espíritu de que un día mi país volverá a ser Reino. Con un Rey, por encima de la política, podría unir al país, estar en contacto con todos los partidos políticos, defender los derechos humanos, proteger las diferentes religiones (de las que hay tres grandes en mi país: la católica, la ortodoxa y la musulmana) y respetar las nacionalidades. Un día, tal vez, esto podría llegar, pero aún es preciso mantener el espíritu; esta es la única cosa que queda conectada a una tradición del pasado, después de 45 de desastre del sistema totalitario en todos los balcanes. Llegamos al final de esta tragedia . Por otra parte, los nuevos partidos políticos que emergen de esta situación, son gente con coraje, que ha combatido por los derechos humanos durante estos años terribles, pero son principalmente escritores, poetas, sabios, y, desgraciadamente, no tienen experiencia en política. Tardará un poco de tiempo hasta que los nuevos políticos tengan la situación controlada. Luego, creo que la presencia de un Rey puede ser muy positiva, como se vió en España en 1975. Al salir de una dictadura, el Rey Don Juan Carlos I consiguió establecer una democracia viable, fuerte y sólida. España está en la Unión Europea, la situación económica y política va bien. Un Rey, por tanto, puede jugar un papel esencial en una transición pacífica de una dictadura del tipo que sea hacia la democracia.

Royaliste: ¿Aceptáis la etiqueta de "pretendiente al trono yugoslavo"?

A. de Y.: yo no soy pretendiente. Nací Príncipe Heredero y mi acción se inscribe dentro de una tradición normal y natural. Si un día mi país reencuentra los valores de la democracia y de los derechos humanos, creo que seré el gran defensor de este combate de liberación.

Royaliste: Cuando se pregunta por Vuestra profesión, ¿Os llamáis "hombre de negocios" o "Príncipe Heredero de Yugoslavia"?

A. de. Y.: Debo gana mi dinero, ya que no lo heredé. Pero ha sido una cosa muy buena el haber estado obligado a ganarme la vida, porque gracias a mi trabajo como hombre de negocios, he aprendido como funciona el mundo. No sé simplemente cómo funciona una empresa, sino cómo funciona la vida económica, política, social. Cada día tomo parte en la vida del mundo. He tenido también la oportunidad de servir en el ejército británico, y es allí donde adquirí mucha experiencia al ver gente y hombres de todas las clases sociales. Cuando uno no reina, tiene muchas más posibilidades de mezclarse con el pueblo. Esto abre mejores perspectivas para servir al bien común, y en mi caso, de ayudar a mi país a salir de 45 años de estancamiento, con la experiencia que he adquirido. Foto: SS.AA.RR. los Príncipes Herederos Don Alejandro y Doña Catalina

Royaliste: ¿Cuál es Vuestra imagen hoy en día en Yugoslavia?

A. de. Y.: Todo ha cambiado. Antes se me conocía del boba-a-boca, las pocas fotos que circulaban bajo los manteles. El cambio llegó por una entrevista publicada en la revista eslovena Mladina, en 1988. El periodista que quiso entrevistarme me telefoneó desde Ljubljana, la caapital eslovena, y creía en una broma en toda regla. El había leído una carta, que escribí a los periódicos para hablar de los problemas económicos y de los derechos humanos en mi país. Aprovechó la ocasión para interrogarme. Cobertura en color y quince páginas de texto. Esto abrió la puerta a otros periódicos. Por su coraje, él me dio la posibilidad de expresarme libremente acerca de todos los asuntos: derechos humanos, democracia, economía, nacionalidades, religiones... Vinieron otros periodistas a verme. Yo mismo he escrito artículos para las revistas eslovenas y croatas. He tenido problemas justamente en Serbia, porque Milósevich estaba tratando de mantener su poder para un nacionalismo virulento, y yo, evidentemente, defiendo el respeto de las nacionalidades a vivir en perfecta armonía sin exacerbar los nacionalismos como hacía él. Foto: SS.AA.RR. los Príncipes Pedro, Alejandro y Felipe

Soy popular en Croacia, en Eslovenia, pero el pueblo serbio manifiesta aún sus intereses, según mi opinión malogrados por una censura estricta. Aunque los artículos sobre mi habían sido publicados en Serbia, fueron de la venta y prohibidos.
Recientemente fui entrevistado por vez primera por la televisión yugoslava. La emisión tuvo que ser repetida dos veces por razón de su éxito. Gracias a ello, pude penetrar totalmente en Serbia, donde el resultado había sido muy positivo. La reacción popular fue positiva, mientras que la de las autoridades oficiales seguía siendo rteservada. No se me criticaba más, mientras que yo me mantenía respetuoso frente al presidente de la federación, Marcovich, saludando las buenas intenciones democráticas. Pero el objetivo es la concordia nacional y que el pueblo pueda elegir libremente su futuro y el tipo de gobierno.

Royaliste: ¿Educáis a Vuestros hijos como futuros reyes?

A. de Y.: Yo los educo como niños normales, pero tienen también un profesor que les enseña nuestro idioma, nuestra historia, nuestra geografía, nuestras tradiciones y costumbres. Trato de educarles para que se sientan naturales en público, no tímidos. Por otra parte, la mejor educación es la que reciben todos los niños. Foto: La Familia Real de Serbia

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LA MONARQUÍA
SERBIA Y YUGOSLAVA


863- 843: Vladimiro, Príncipe de Serbia
843- 890: Mutimiro

890 : Pribislavo

891- 917: Pedro
917- 920: Pablo Brancovich

927- 949: Cheslavo

949-1040: Interregnum

1040-1050: Esteban Voislavo

1051-1081: Miguel
1081-1082: Radoslavo

1082-1106: Constantino Bodin
1106: Dobroslavo
1106-1115: Vladimiro

1115-1122: Yiryi


Dinastía de los Nemanya (1122-1371)


1089-1122: (Vulcano)

1122-1136: Esteban Uros Neman I

1136-1151: Tichomil

1151-1195: Esteban (Simeón) Neman II
, Duque en 1189, +1199
1195-1128: Esteban Vencian Pervovichanyi, Rey en 1217

1228-1234: Radoslavo

1234-1240: Vladislavo

1240-1272: Esteban Uros I

1272-1281: Esteban Dragutin +1317

1281-1320: Esteban Uros II Milutin

1321-1331: Esteban Uros III Desanski

1321-1355: Esteban Uros IV Dusán el Fuerte, Emperador en 1347

1355-1365: Esteban V

1365-1371: Simeón

1366-1371: Vulcasin Mernyántsevich, anti-rey


Dinastía de los Lazarevich 1372-1427

1372-1389: Emperador Lázaro I Serbillánovich

1389-1427: Esteban Lazarevich (Lázaro II), Emperador en 1403


Dinastía de los Brancovich 1427-1502

(1389-1398?): Wuk I

1427-1456: Rey Jorge I

1456-1458: Lázaro III

1457-1471?: Esteban


Serbia conquistada por los turcos en 1459


1471?-1485: Wuk II

1485-1496: Jorge II

1496-1502: Juan

1459-1718: bajo dominación turca

1718-1739: bajo dominación austríaca

1739-1817: bajo dominación turca

1817-1878: bajo soberanía turca


Dinastía de los Obrenovich 1817-1903


1817-1839: Milos, Príncipe 06-11-1817

1839: Milán III

1839-1842: Miguel

1842-1858: Alejandro Karageorgevich Príncipe de Serbia

1858-1868: Milos (por 2ª vez)

1860-1868: Miguel (por 2ª vez)

1868-1889: Milán IV (I) Príncipe Soberano el 03-03-1878, Rey el 06-03-1881, +1901

1889-1903: Alejandro


Dinastía de los Karageorgevich desde 1903


1903-1921: Pedro I, Rey de Serbia, 1918 Rey de Yugoslavia

1921-1934: Alejandro I, Rey de Yugoslavia, asesinado en 1934

1934-1945: Pedro II, Rey de Yugoslavia

1934-1945: Regente Pablo

1945:
Alejandro II, Príncipe Heredero de Serbia,
En el exilio en Londres
hasta 2001

jueves, 28 de agosto de 2008

El ejemplo de dos Reyes

Este editorial sirvió de introducción al número de Monarquía Europe a que se editó tras el fallecimiento de S.A.R. Don Juan de Borbón y de S.M. el Rey Balduino I. En breve se cumplirá el decimo quinto aniversario de la muerte de Don Juan. Los artículos que se publicaron en memoria de ambas personalidades de la Monarquía se han insertado anteriormente en este blog.

En poco menos de cuatro meses, Europa perdió a dos Reyes pertenecientes a una generación de Monarcas ejemplares o, mejor dicho, a un Rey y otro que fue privado de serlo a pesar de haber tenido el derecho y la legitimidad.

Tres generaciones

A S.A.R. Don Juan III, "Rey Padre de España" - le correspondía ser Rey por su condición de Príncipe Heredero y encarnación de la Monarquía española durante treinta y cinco años y por sus derechos dinásticos a los que llegó a renunciar tan generosamente en favor de su hijo S.M. Don Juan Carlos I.


S.M. Don Balduino I, Rey de los Belgas, era el Rey más veterano después de la Reina Isabel II y gozaba de un fervoroso amor de su pueblo por su gran simpatía y su valentía e integridad mostradas en situaciones difíciles por las que pasó su país.

De pocos Monarcas o Príncipes Herederos se ha podido decir que han sido tan ejemplares tanto para sus pueblos como para la institución que representaban. El grado de abnegación de Don Juan III ha sido total. Anteponía a todas sus aspiraciones personales, legítimas y comprensibles, el fin último de su mandato: restaurar la Monarquía en España. Balduino I defendía con integridad moral y valentía los valores innatos de la Monarquía, incluso por encima de las críticas de la prensa y de sectores políticos que siempre reclaman para sí el derecho a actuar conforme a su conciencia, pero negaban ese mismo derecho al máximo representante del pueblo belga.Ambos supieron defender a la institución monárquica con rigor y conocimiento de causa corrigiendo lo que otros no pudieron o no se atrevieron a decir.


Hoy en día, muchas cosas han cambiado. 
El amor patrio es tachado de anticuado. La creencia en un destino, él de ser Rey, también ha sufrido debilitamientos. Muchas veces da la impresión que la realeza ha perdido la facultad o la voluntad de transmitir los valores innatos de la Monarquía: Cuando algunos príncipes herederos no quieren saber nada de antiguas leyes sucesorias, que no son tan anticuadas ni carentes de sentido como puede parecer, o cuando otros se resignan a su papel de decoración más o menos lujosa del Estado en lugar de interesarse más a fondo por los problemas sociales que deben ser llamados por su nombre, o cuando omiten la defensa de la institución monárquica cuando sus representantes están llamados a hablar en su favor.


Tanto S.M. Don Juan III como S.M. Balduino I supieron estar a la altura de todas las exigencias a las que tuvieron que responder durante sus respectivos reinados. A ellos tenemos que agradecer que la Monarquía haya sobrevivido en España y Bélgica y que sirva de modelo para otros pueblos hasta hace poco oprimidos por la hoz y el martillo. Que su ejemplo no quede en el olvido y anime a superar posturas de pasividad institucional.

Editorial publicada en Monarquía Europea Nº 7/8 - Año III - Octubre 1993

In Memoriam: S.A.R. Don Juan Conde de Barcelona

El primero de los dos artículos siguientes se publicó en el Nº 7/8 - 1993 de Monarquía Europea, el segundo no llegó a publicarse. Sirvan ambos para rememorar a este gran hombre que debía haber sido Rey y no pudo serlo por las circunstancias históricas y políticas en España en 1977 y su personal enfrentamiento con el general Franco. Sin duda habría sido un gran Rey de España.


DON JUAN DE BORBON
por Francesc Xavier Montesa
Secretario General de la AME

A
las ocho de la tarde, en un día lluvioso y gris, las baterías antiaéreas del Castillo de Montjuic disparaban cinco salvas de artillería para anunciar a la ciudad de Barcelona algo que ya conocía Cataluña y España entera. Don Juan de Borbón, quien durante más de cincuenta años había ostentado con inigualable dignidad el título soberano de Conde de Barcelona, había muerto.

La noticia era temida pero esperada, porque todos sabíamos desde hacía tiempo que padecía un cáncer y desde hacía meses que había entrado en una fase terminal e irreversible.

La muerte del Conde de Barcelona ha servido para que el pueblo español valorara en su justa medida la trayectoria humana y política de este gran Rey sin Corona. El país entero se ha lanzado en alabanzas hacia Él y eso es realmente importante para nosotros en particular y para la sociedad española en general. Ahora vivimos en libertad y a nadie se le obliga a deshacerse en elogios de nadie, basta con el silencio para demostrar desaprobación. Pero nadie socialmente representativo ha guardado silencio ante Don Juan.

Desde el fallecimiento de su augusto padre el Rey Don Alfonso XIII, el Conde de Barcelona se puso como norte de su existencia la Restauración de la Monarquía, única Institución capaz de cicatrizar las profundas heridas surgidas de la Guerra Civil. La España que Don Juan quería, reflejada en el Manifiesto que dirigió a los españoles en Lausana, el 14 de marzo de 1948, que fue censurado por el régimen franquista, era una España democrática y constitucional, en la que se reconocieran los "derechos inherentes a la persona humana, y garantía de las libertades políticas correspondientes", abogaba por el "establecimiento de una Asamblea Legislativa, elegida por la nación", por "el reconocimiento de la diversidad regional", por "una más justa distribución de la riqueza y la supresión de injustos contrastes sociales".

Para la consecución de estos objetivos, Don Juan no dudó en renunciar a todo. Algo que difícilmente hubiera podido realizar un ser humano que no hubiera sido educado desde la cuna a poner los supremos intereses de España por encima de los suyos personales. renunció a la compañía de su hijo, quien en 1948 se trasladó a estudiar en nuestro país, a fin y efecto de que tuviera contacto y conociera la situación española, aún sabiendo que los problemas serían ingentes. Y renunció a sus derechos históricos que sólo a él le correspondían en favor de su hijo a quien de esta manera trasladó la legitimidad de origen de la que carecía. este sencillo pero generoso acto sirvió para que poco después la Constitución actualmente en vigor pudiera definir a Don Juan Carlos I como "legítimo heredero de la Dinastía histórica".

No es extraño que el real Decreto en el que se ordenaba se rindieran honores de Rey de España a Don Juan, firmado por su hijo, constituya todo un homenaje filial de respeto y cariño. "Su entrega - dice - a la causa de la libertad, la paz y la concordia del pueblo español, ejemplo de generosidad y de renunciamiento, con el deseo de mostrar la admiración y el agradecimiento que se recuerdo merecen, honrarle y reconocerle el tratamiento que corresponde a su augusta persona", para finalmente ordenar la inhumación de sus restos en el panteón de los Reyes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Su actitud sacrificada y discreta para el logro de un objetivo histórico: el consenso social y político en torno a la Monarquía parlamentaria no fue sólo reconocida en nuestras fronteras, sino también fuera de ellas, muy particularmente.

Las Casas Reales de Europa y del mundo entero quisieron rendirle tributo de respeto y admiración. Los Reyes de Bélgica, Grecia, Rumanía y Bulgaria, los Grandes Duques de Luxemburgo, el Príncipe de Gales, las Princesas Astrid de Noruega y Cristina de Suecia, la Reina Ingrid, Reina Madre de Dinamarca, el Príncipe Bernardo de los Países Bajos, los Príncipes Rainiero y Alberto de Mónaco, el Príncipe Hans Adam II de Liechtenstein, el Príncipe Mohamed de Marruecos, el Gran Maestre Soberano de la Inclita Orden de San Juan de Jerusalén, Orden de Malta, el Archiduque Otto de Austria-Hungría, el Príncipe Jorge de Bagration, Heredero de la Corona de Georgia, el Príncipe Víctor Manuel de Italia, el Príncipe Enrique, Conde de Clermont, Delfín de Francia, y un largo etcétera quisieron darle el último adiós en la Misa solemne que se celebró el día 7 de abril de 1993 en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

La preocupación e interés por nuestro país le acompañaron hasta sus últimos días. "El Rey - decía - se interesa por mi salud y por la de España."

Esta Asociación quiere suscribir como propias las palabras que S.A.R. el Duque de Calabria nos remitió al agradecernos nuestro pésame por la muerte de Don Juan. "Para España y para nosotros es una gran pérdida."

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S.M. DON JUAN III, REY DE ESPAÑA
por José Antonio Marcos Lecuona (+ 1993)


La Corona como institución histórica

No es difícil el aceptar que la Monarquía española se halla inseparablemente unida a nuestra Historia, a la que ha aportado innumerables servicios en los más variados campos que la vida en sociedad permite y que esta institución representa nuestro existir en común a través de las sucesivas generaciones asentándose en el sufragio de los siglos, mediante su adaptación, hasta llegar a nuestros tiempos de la Monarquía parlamentaria.

Por vez primera en nuestra Historia, la Monarquía se libera de todo poder político al residir la soberanía en el pueblo ejercido a través de los partidos y habernos dotado de un sistema constitucional en el que "el Rey no gobierna, sólo reina", y lo hace a través de su "autoridad" para moderar y arbitrar el funcionamiento regular de las instituciones.

No sería justo decir que lo que sea España depende de las personas que ahora tengamos el derecho al sufragio, prescindiendo del pasado y del esfuerzo y sacrificios de muchas generaciones, en pro de una convivencia más libre y más justa, quienes gracias a tan decisiva colaboración tienen el derecho a ser tenidas en cuenta, entre otros extremos por haber querido vincular a la Monarquía hereditaria a la permanencia de tan gloriosa tradición.

Eso nos permite mantener que el mayor acierto en la salida de un régimen autoritario a uno de libertades, fue la Restauración de la Monarquía, que con la lealtad del Ejército, permitió realizar la transición que demandaba el pueblo español de forma pacífica.


Un ejemplo de vida al servicio de España

La vida de Don Juan de Borbón, desde cualquier ángulo que se examine, con el debido conocimiento y rigor, huyendo de la simplificación y del sectarismo, es un ejemplo de abnegación y de sacrificio, en favor de la conservación de los derechos dinásticos que había recibido y de servicio a los españoles y a España, sin condiciones ni desmayos, pese al ambiente hostil y adversas circunstancias que hubo de afrontar.

Y ello lo comprobamos en algunas de las declaraciones que ha realizado en los 36 años de su heróico vivir desde que recibió de su padre, S.M. Don Alfonso XIII, en el año 1941, los derechos dinásticos, hasta que renunciara a ellos en favor de la persona de Su hijo Don Juan Carlos I, haciendo posible que el artículo 57.1 de nuestra Constitución proclamara a éste legítimo heredero de la dinastía histórica.

Y así resulta ocioso releer algunas de aquellas que muestran la grandeza y espíritu de servicio de esta egregia persona:
"La Monarquía presupone la ausencia de todo espíritu de bandería, por aspirar a la concordia entre los hermanos."
"El ser Rey no es un galardón, ni un honor, y si me apuráis, ni un derecho; es fundamentalmente un deber, un grave y trascendental deber de servir a España."
"Desde que Dios dispone nuestro nacimiento en el seno de una Familia Real, cargamos con una serie de responsabilidades, aparejadas a una lista de deberes y derechos. Estos últimos no pueden ser válidos en tanto no cumplamos escrupulosamente con aquellos."
"Por ello, instaurada y consolidada la Monarquía en la persona de mi hijo y heredero Don Juan Carlos, creo llegado el momento de entregarle el legado histórico que hereda."
Siendo contestado por el actual Monarca, con las siguientes palabras:

"En estos momentos de indudable trascendencia para España y para Nuestra Familia, y al recibir de Tus Manos el legado histórico que me entregas, quiero rendirte el emocionado tributo de mi cariño filial, unido al respeto profundo que siempre Te he profesado, al comprender desde niño que sobre todo y por encima de todo, Tú no me has tenido nunca otro ideal que la entrega absoluta al servicio del pueblo español."


No es fácil encontrar en la Historia de España una persona que haya llevado el cumplimiento de su deber y la custodia del legado recibido, para dotarnos a los españoles de un sistema político de derechos y libertades a tan alto grado de exigencia y sacrificio.


Justificación del reconocimiento del título de Rey a Don Juan de Borbón

En primer lugar por la guarda y custodia de un legado histórico limpio, que tenía como meta que el titular de la Corona fuese Rey de todos los españoles, cuyo servicio ha permitido que su hijo, pese a heredar importantes poderes del antiguo régimen, hiciera posible la transición, devolviendo al pueblo la soberanía y facilitando la aprobación de una Constitución en la que quedaban reducidas sus funciones a las que permite su sola autoridad en la moderación y el arbitraje, dejando el juego político a los partidos como expresión organizada del pueblo.

La condición de Padre del Rey encuentra también precedentes en la Historia, que por analogía permitirían aplicarse, al hallarnos ante un heredero legítimo de la dinastía que ha sufrido las cargas de tal herencia sin ninguno de sus honores ni gozos, recordando algunos de nuestros Reyes tras la abdicación en favor de sus hijos como p.e. Felipe V en favor de Fernando VI o Luis I, o Carlos IV en favor de Fernando VII, han pasado a la Historia como Reyes de España, o en Francia con la sucesión de Luis XVI, que a la muerte de su hijo sin reinar, le sucedió el hermano de aquel con el título de Luis XVIII por respeto al sobrino y heredero premuerto.